martes, mayo 17, 2016

Algo huele mal.

No existe una anhelo peor que el de esperar a que algo pase. Tendría que tenerlo claro desde hace años. Salía de la universidad y acababa de subirme a una buseta. Muy temprano, poco después de las nueve de la mañana, pasé la registradora y pagué completo. Había sol pero hacía frío y yo no llevaba nada más en las manos. Tuve una clase o un laboratorio de siete a nueve y había salido sin novedad. No puedo recordar qué era lo que estaba haciendo, ni recuerdo para dónde iba. No sentía nada especial, no tenía más problemas que los habituales, aunque eran varios. Y justo cuando me pregunté por qué nunca pasaba nada, escuché que anunciaban por la radio el atentado a las Torres Gemelas. Creo que no me voy a deshacer del sentimiento de culpa que me produce recordar eso. Una culpa que más bien es una vanidad esotérica, una capacidad de la que nunca aprenderé a sacar ningún provecho. Meter la pata en solitario, "dar la respuesta a una pregunta que nadie hizo", a lo Lisa Simpson.

Anhelar no llama a la acción, no sirve para nada. ¿Por qué perdemos tanto tiempo anhelando que sucedan cosas? A mi solo me suceden cuando el anhelo no es intencional. En cambio, si realmente quiero que algo pase, si pienso en ello y le pongo empeño de pequeña bruja, suele pasar exactamente todo lo contrario. Por eso ya no miro los partidos de fútbol que me generan alguna emoción, por eso tampoco compro loterías. He sabido exactamente cuándo me voy a ganar algo sin haberlo deseado, solo sabiendo que así será. No hay mérito, pero sí premonición. Cosas académicas, pero también cosas insulsas: el florerito de la rifa escolar, la botella de tequila en otra rifa de la universidad... Cosas definitivas como el sexo y muchos detalles del fenotipo de cada uno de mis hijos, todo lo supe con certeza sin que pueda explicar por qué lo sabía. Asumo que le sucede a mucha gente y que en ese tipo de misticismos y casualidades se apoyan los curanderos de la competencia cuando prometen curar males a punta de fe y luego conservan por muchos años una clientela fiel.

Dos meses después de haberme sentido tan mal en esa buseta, esperaba la madrugada en Nueva York para ir a visitar el sitio de la catástrofe con un pequeño grupo de nuevos amigos. El lugar estaba cercado unos dos kilómetros a la redonda y caminamos mucho, viendo interminables parches de fotos, flores, velas, peluches y carteles llenando las cercas de un dolor azul y blanco que me pareció que debía ser costosísimo. Muy de lejos, se podían ver desde algunos puntos las inmensas vigas retorcidas. Tomamos algunas fotos. Lo impresionante, lo que más me aterrorizó y que cargo conmigo para siempre, es ese olor indescriptible del exterminio a gran escala. Una cosa metálica, acre, densísima que se me atornilló en la pituitaria. Nada más huele así: ese es el olor de los anhelos idiotas y yo me merezco ese recuerdo. Hoy me sabe a eso la tarde, hoy no debería pensar.  

Primera reflexión

Primera reflexión

Durante la primera discusión en clase abordamos varios aspectos de la relación entre la educación y las TIC en el mundo contemporáneo. De todos los aportes y reflexiones, lo que me parece más relevante es que para ampliar las condiciones de acceso a la educación a nivel global, las TIC ya no son una mera oportunidad sino el camino por el que inevitablemente transitan todas las estrategias y políticas de desarrollo. Para sustentar esta idea utilizaré tres argumentos, apoyados en las lecturas correspondientes a esta segunda semana de trabajo.

En primer lugar, al estimular el uso de nuevas tecnologías, las políticas de desarrollo económico están potenciando directamente la educación mediada por TIC. Las comunicaciones son parte estratégica del modelo económico internacional porque hacen posibles las negociaciones del mercado. Dada la eficiencia de las TIC para agilizar los procesos comunicativos, las competencias laborales asociadas con uso y apropiación de nuevas tecnologías obligan a una formación cada vez más fuerte y actualizada de los profesionales, que les garantice la consecución de empleo: este se convierte en un valor agregado de la educación virtual, que puede ser eficiente en términos económicos al aumentar la cobertura, ser adaptable a los tiempos y brindar educación de mayor calidad y diversidad, aún en áreas de difícil acceso (Haddad, 2007).

En segundo lugar, el énfasis de muchos programas de asistencia y cooperación a poblaciones vulnerables implica la toma de decisiones de calidad a distancia, en aspectos tan diversos como telemedicina, manejo de emergencias y desastres, proyectos de ingeniería, arquitectura e investigación entre otros. El impulso de la conectividad en condiciones adversas potencia el desarrollo de soluciones permanentes, que a mediano plazo pueden quedarse en la comunidad y facilitar los procesos educativos a distancia. Las experiencias son múltiples y han demostrado que cualquier elemento de conectividad puede ser utilizado creativamente con estos fines, tanto en el caso de la radio como en el de la televisión, los proyectos multimedia y el internet. Como lo demuestra Haddad, el crecimiento en el acceso para todos los casos es exponencial y representa una oportunidad para la educación propiciada por dinámicas sociales muy diversas.

Por último, hay que recordar que la educación en sí misma potencia el bienestar de las personas. En palabras de Haddad, (2007) tanto los tomadores de decisiones como la población en general reconocen al unísono que la educación es crucial para el desarrollo económico. A su vez, la educación misma se ha trasformado: la posibilidad de acceder a toda clase de información, así como las herramientas para capacitarse a través de nuevas tecnologías plantean un cambio de paradigma en la relación entre el docente y el dicente, que ya permea nuestras aulas y la manera en que nos relacionamos como seres humanos. Hemos entendido que desde siempre la educación y la comunicación humanas han estado estrechamente vinculadas a través de las tecnologías (Brunner, 2003), y que lo que sucede es que hoy los intercambios son mediados por herramientas cada vez más veloces. Ahora la sabiduría es un abanico de posibilidades no exclusivas, que se despliegan al reconocer a los demás individuos como puentes poderosos hacia la información. Es la paradoja cotidiana entre un abuelo profesor y su pequeño nieto, con una tableta conectada a Internet: ya no es tan claro quién le cuenta el cuento a quién, ¿no creen?.

Asumiendo estas realidades como parte de mi labor docente, algunas de las preguntas motivadoras para este semestre son: ¿cómo quiero asumir las nuevas condiciones que me plantean las TIC para el desarrollo de actividades pedagógicas en el área de la salud? ¿Qué riesgos debo tener en cuenta al proponer un ambiente de aprendizaje apoyado con nuevas tecnologías? ¿Cómo puedo vincularme o crear redes docentes para el constante intercambio de experiencias con TIC? y ¿Cómo se financian estos ambientes de aprendizaje? ¿Qué costos pueden llegar a tener?

Nos vemos mañana en clase.

Referencias

Brunner, J. J., & Tedesco, J. C. (2003). La educación al encuentro de las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías y el futuro de la educación. IIPE, UNESCO. Buenos Aires: Septiembre Grupo Editor. Página 17. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D

Haddad, W. D (2007). ICTs for Education. A Reference Handbook. Parte 2, Capítulo 5. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D