¿Qué
aspectos deben considerarse en un proceso de diseño instruccional?
El proceso de diseño instruccional es una metodología en la cual
el equipo docente toma decisiones para el desarrollo de su curso de manera
sistemática, creativa, activa e interactiva (Gustafson & Branch, 2002), desde
antes de comenzarlo y con posibilidades de modificarlo a lo largo de todo el
programa. El diseño instruccional incluye cinco componentes bien definidos,
aunque no necesariamente secuenciales: análisis, diseño, desarrollo, implementación y evaluación, que en conjunto se conocen como ADDIE, por
su sigla en inglés y en español. Aunque hay varios aspectos que deben
considerarse durante el diseño instruccional, podemos hablar de tres grandes características
de las que se desprenden las demás consideraciones: el tipo de estudiantes, los
propósitos del curso y los recursos disponibles.
El primer aspecto a considerar es el tipo de estudiantes con que
contará el curso. Esto es esencial, porque para alcanzar los objetivos pedagógicos
con el estudiante nunca partimos de cero. Cada persona tiene características
que pueden potenciar su aprendizaje y que la hacen única: aun cuando en las instituciones
educativas los grupos de aprendizaje tienden a ser homogéneos (en aspectos como
la edad o los niveles educativo y socioeconómico), otras características como el
estilo de aprendizaje, las expectativas alrededor del curso y los conocimientos
previos sobre el tema de la clase varían considerablemente de una persona a otra.
Para conocer el tipo de estudiantes, una valoración lo más individualizada
posible resultaría ideal, dado que con base en esta información se pueden
implementar las estrategias pedagógicas más convenientes: la metodología se presta
bien a enfoques muy diversos y a la combinación de los mismos (The Herridge
Group, 2004). También es importante evaluar la existencia de condiciones
emocionales o físicas especiales, debido a las cuales no sería conveniente la
utilización de alguno de los recursos disponibles: por ejemplo, la discapacidad
motora de un estudiante puede modificar el tipo de desplazamientos que deben
llevarse a cabo y el salón a utilizar durante el curso (Modelo ADDIE).
Un segundo aspecto a tener en cuenta son los propósitos del curso.
Esto incluye el problema a resolver, las competencias que se desea potenciar en
el estudiante y los conocimientos que éste debe adquirir o fortalecer una vez
finalizado el programa. Para evaluar el curso, desde el principio es necesario
concretar objetivos de aprendizaje útiles, flexibles (The Herridge Group, 2004)
y medibles, que sirvan como indicadores concretos del progreso obtenido, tanto para los estudiantes como para los docentes. En el diseño instruccional, estos
objetivos de aprendizaje deben orientarse hacia la capacidad de demostrar en la
práctica el conocimiento adquirido (Gustafson & Branch, 2002), más allá de
la memorización de contenidos. Cuando se diseñan bien los objetivos de
aprendizaje, se obtienen las herramientas necesarias para analizar el progreso
y el resultado final del curso, con coherencia y rigor.
Por último, pero no menos importantes, se deben considerar los
recursos con los que cuenta el equipo docente para el desarrollo de su plan de
trabajo. El tiempo, los materiales, la disponibilidad de tecnologías de
información, la posibilidad de hacer desplazamientos, la organización de los espacios
físicos, etcétera. Un recurso muy valioso es la conformación misma del grupo:
la interacción entre los estudiantes potencia el aprendizaje, ya que se trata
de un proceso social en el que la posibilidad de compartir experiencias y
puntos de vista es motivante y enriquecedora para todos los participantes,
incluyendo al docente mismo. De hecho, una cualidad que identifica al diseño
instruccional es el trabajo en equipo.
Considerando estos tres grandes aspectos, los docentes podrán
implementar la metodología ADDIE para el diseño de su curso, ya que les será
más fácil elaborar un plan de trabajo específico, orientado hacia las
necesidades identificadas, con metas definidas y que puede ser evaluado y
mejorado continuamente. El diseño de ambientes de aprendizaje apoyados con tecnologías
también debe considerar todos estos factores para obtener resultados
satisfactorios: encuentro oportunidades valiosas en esta metodología para
responder a los retos de la educación sobre los que hablamos el martes pasado
en clase, dado que la metodología tiene una orientación práctica, participativa y flexible. Su desarrollo puede ayudarnos a potenciar el pensamiento crítico, al tiempo que fortalece las habilidades personales y prácticas de todos los participantes en el curso.
Referencias