jueves, mayo 24, 2012

Estoy pensando en lo difícil que es vivir bajo las propias convicciones, se trata de un paquete del que uno saca cosas que luego ve que le hacen falta pero no sabe dónde carajos las tiró, y en el que carga cosas que otros le empacaron, que pesan como le pesará la conciencia al diablo pero que uno no se decide a tirar por miedo a quedarse sin convicciones, y porque ciertos amigos y conocidos hicieron algo parecido en su momento y quedaron tan livianos para correr que nunca podré volver a verlos. Sin embargo, este quinquenio de los treinta y cinco hasta los cuarenta es mi tiempo de desprendimientos tranquilos. Por tanto, ya no estoy convencida de casi nada. Una mañana de mayo hace un año pensé en abrir un blog ligero sobre estética y hacer la dieta hiperprotéica que me estaban sugiriendo para bajar los siete quilos ganados desde el último parto. No pude. Luego conocí Herbalife, bajé los siete benditos quilos pero tampoco he escrito nada al respecto. Me parece que no es mucho lo que puedo contar si no he tenido ganas de revisar cómo funcionan el batido y la proteína: en el fondo creo que lo cierto es que así como ahora no me hacen falta, tampoco me sobraron antes los benditos siete quilos.

Renuncié por fin a Soacha y ya tengo un reemplazo. No sé qué pasa por la cabeza de mi chulo sucesor: tal vez lo han contratado por más plata de la que yo ganaba, o por menos vuelos de los que yo hacía. Y aunque en el Hospital no quieran pagarle mucho, porque después de todos estos años los administrativos sostienen que el programa de trasplante no es rentable, lo harán de todos modos porque no soy yo quien recibe el dinero, seguro -cosa que honestamente me divierte porque tengo ese mismo humor negro patológico de mi madre, que no me enorgullece más de lo que me perjudica- y porque tal vez lo único que les queda por mostrar es el programa de trasplante mismo, como una ramita de olivo que la empresa logra rescatar del desastre en que se ha convertido para el Hospital la aseguradora con la que tiene la mayor parte de facturas pendientes de pago... Se entiende que si en dos años solo había podido hacerse un trasplante, si los pacientes que hay al verse desprotegidos se aferran con desesperación a la mano de la enfermera, Martha, (porque el milagro tiene nombre y es ése solamente), si la gente que puede huye por el retraso en los pagos, si sigue ahí el nefasto auditor interno que en su doble papel se vigila a sí mismo como subdirector científico -y reclama desde alguna de ésas dos investiduras que el nefrólogo traiga su propio tensiómetro para hacer la consulta en un consultorio que, por regla general, debería contar con uno de esos aparatos-, si en el mismo Hospital la gente con cáncer como Ilmer, mi amigo de adolescencia, muere esperando una quimioterapia que nunca llega porque no hay con qué para los que pronto no podrán quejarse y si, sobre todo si, la propia aseguradora que les debe les condiciona a no trasplantar más de un cierto número de casos, dos para ser exacta al mes porque no puede pagar más que ésos trasplantes, quiero decir, les ordena ser tan poco productivos como les sea posible,  entonces es más bien complicado sostener en abundancia de rollos y ausencia de procedimientos a un programa de trasplantes.

Con todo admito que, para alguien como yo, un programa de trasplante en Soacha era una idea casi tan encantadora como salvar al San Juan o mantener tranquilo durante un mes a mi esposo. Adoro las causas perdidas, pero empiezo a sentir que las amo más cuando ya me siento por fuera del problema autoimpuesto de salvarlas y puedo verlas desde un blog que nadie más que yo lee.

La muerte de Angie

Angie murió a finales de 2007, en el Hospital Cardiovascular del Niño de Cundinamarca, en Soacha. El mismo donde hasta hace unos cuantos días estaba trabajando mientras tenía el valor de ver aparecer alguien que me reemplazara.

Además de tener una barriga del tamaño del mundo que le permitía permanecer sentada con solo inclinarse hacia adelante, Angie sonreía con la calma que tienen los viejos y las personas que ya se van a morir. Necesitaba un trasplante hepático que no fue posible.

Su papá se apellida Bolívar, y por Bolívar es que todo el mundo lo reconoce en la vereda El Arracachal (Región muy fructífera para ese odioso tubérculo por cuanto lleva su nombre), al que llegó a trabajar cuidando una finca, con Patricia, su esposa, y sus otros cuatro niños, por la misma época en que yo trabajaba en la Corporación. Mi mamá, que se hace cargo de los niños de los vecinos cuando puede y se la necesita, se enteró de la existencia de esta familia por lo que de ellos era más destacado: la niña enferma de la barriga prominente. Alguien le habló a Bolivar de mi trabajo con los trasplantes. Por esa época yo andaba ya de salida, con problemas laborales, frustrada e imaginando en cada buseta lo que se sentiría el tiro en la cabeza desde sus diversos ángulos posibles: por detrás, por delante, entrando desde el cuello medial hacia el vértex, ése que me parecía se debería sentir un momento como tragando pólvora en combustión, o como algo muy picante... Lo cierto es que en el límite de mis nervios, llegó Angie a mi vida y pensé que podría ser un motivo.

Primera reflexión

Primera reflexión

Durante la primera discusión en clase abordamos varios aspectos de la relación entre la educación y las TIC en el mundo contemporáneo. De todos los aportes y reflexiones, lo que me parece más relevante es que para ampliar las condiciones de acceso a la educación a nivel global, las TIC ya no son una mera oportunidad sino el camino por el que inevitablemente transitan todas las estrategias y políticas de desarrollo. Para sustentar esta idea utilizaré tres argumentos, apoyados en las lecturas correspondientes a esta segunda semana de trabajo.

En primer lugar, al estimular el uso de nuevas tecnologías, las políticas de desarrollo económico están potenciando directamente la educación mediada por TIC. Las comunicaciones son parte estratégica del modelo económico internacional porque hacen posibles las negociaciones del mercado. Dada la eficiencia de las TIC para agilizar los procesos comunicativos, las competencias laborales asociadas con uso y apropiación de nuevas tecnologías obligan a una formación cada vez más fuerte y actualizada de los profesionales, que les garantice la consecución de empleo: este se convierte en un valor agregado de la educación virtual, que puede ser eficiente en términos económicos al aumentar la cobertura, ser adaptable a los tiempos y brindar educación de mayor calidad y diversidad, aún en áreas de difícil acceso (Haddad, 2007).

En segundo lugar, el énfasis de muchos programas de asistencia y cooperación a poblaciones vulnerables implica la toma de decisiones de calidad a distancia, en aspectos tan diversos como telemedicina, manejo de emergencias y desastres, proyectos de ingeniería, arquitectura e investigación entre otros. El impulso de la conectividad en condiciones adversas potencia el desarrollo de soluciones permanentes, que a mediano plazo pueden quedarse en la comunidad y facilitar los procesos educativos a distancia. Las experiencias son múltiples y han demostrado que cualquier elemento de conectividad puede ser utilizado creativamente con estos fines, tanto en el caso de la radio como en el de la televisión, los proyectos multimedia y el internet. Como lo demuestra Haddad, el crecimiento en el acceso para todos los casos es exponencial y representa una oportunidad para la educación propiciada por dinámicas sociales muy diversas.

Por último, hay que recordar que la educación en sí misma potencia el bienestar de las personas. En palabras de Haddad, (2007) tanto los tomadores de decisiones como la población en general reconocen al unísono que la educación es crucial para el desarrollo económico. A su vez, la educación misma se ha trasformado: la posibilidad de acceder a toda clase de información, así como las herramientas para capacitarse a través de nuevas tecnologías plantean un cambio de paradigma en la relación entre el docente y el dicente, que ya permea nuestras aulas y la manera en que nos relacionamos como seres humanos. Hemos entendido que desde siempre la educación y la comunicación humanas han estado estrechamente vinculadas a través de las tecnologías (Brunner, 2003), y que lo que sucede es que hoy los intercambios son mediados por herramientas cada vez más veloces. Ahora la sabiduría es un abanico de posibilidades no exclusivas, que se despliegan al reconocer a los demás individuos como puentes poderosos hacia la información. Es la paradoja cotidiana entre un abuelo profesor y su pequeño nieto, con una tableta conectada a Internet: ya no es tan claro quién le cuenta el cuento a quién, ¿no creen?.

Asumiendo estas realidades como parte de mi labor docente, algunas de las preguntas motivadoras para este semestre son: ¿cómo quiero asumir las nuevas condiciones que me plantean las TIC para el desarrollo de actividades pedagógicas en el área de la salud? ¿Qué riesgos debo tener en cuenta al proponer un ambiente de aprendizaje apoyado con nuevas tecnologías? ¿Cómo puedo vincularme o crear redes docentes para el constante intercambio de experiencias con TIC? y ¿Cómo se financian estos ambientes de aprendizaje? ¿Qué costos pueden llegar a tener?

Nos vemos mañana en clase.

Referencias

Brunner, J. J., & Tedesco, J. C. (2003). La educación al encuentro de las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías y el futuro de la educación. IIPE, UNESCO. Buenos Aires: Septiembre Grupo Editor. Página 17. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D

Haddad, W. D (2007). ICTs for Education. A Reference Handbook. Parte 2, Capítulo 5. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D