He querido hacer muchas cosas en la vida: actividad física regular, hablar bien inglés, ser una buena periodista en temas de salud, ser profesora, ser mamá, ser mejor hija, tener una casa cálida con tejas en declive, encontrar mi pareja h.q.l.m.n.s, trabajar en San Juan de Dios (Aún sueño con eso que no parece lógico)... De alguna forma, las cosas que deseo están todas en construcción. Darme cuenta de eso es un motivo de plenitud, aunque no sé si duren, si todas se consoliden como algo parecido al final del cuento de las telenovelas. Hoy salí a la ciclovía a trotar. Volví a sentir que un propósito simple como resistir un poco más, llegar a la propia meta, es el camino hacia lo más profundo del espíritu humano. Todo oficio es oración.
Es difícil trotar por la avenida Boyacá, aunque esté despejada. Es domingo y son las 7:45 de la mañana. Nos preguntamos Rafael y yo si debemos ir hacia el norte o hacia el sur. Yo elijo el sur, desde la avenida de Las Américas hasta todo lo que se pueda. Trotamos sin parar hasta la Primero de Mayo. Luego caminamos un rato. Nos devolvimos un poco más allá de la fábrica de canecas que Rafa me señala como el lugar para comprar la que nos hace falta. A mí se me ocurre que podría averiguar allí lo del árbol.
Volvemos a trotar. Ahora una hilera larga de camiones va a nuestra derecha. De vez en cuando una bufanda de humo negro nos pasa por las narices y la boca, mientras intentamos respirar y trotar hasta donde nos lo hemos propuesto.
Pienso en las dificultades para correr. Pienso en la banda del gimnasio de la universidad y en la montaña que alegra ese camino, aunque no va a ningún lado. Y me pregunto cómo le dice uno a otra persona que haga ejercicio físico, si el breve espacio que hay para salir una vez a la semana es toda una contradicción. Pienso mucho en el árbol... Y vuelvo feliz, porque de todos modos lo logramos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario