Cuando se ha leído algo muy especial sobre un lugar por conocer, uno llega contrastando lo que pudo imaginar a través de la lectura con las cosas que va descubriendo. Empecemos por el aeropuerto: realmente es un plano al borde del abismo y es en serio que el avión parece hundirse entre las montañas justo antes de aterrizar. De hecho, el mio no lo logró al primer intento y tuvimos amenaza de volver a Bogotá si el avión se "sobrepasaba" de nuevo por causa del viento. Como un avión de papel.
Me encontré con Jennifer y bajamos desde el aeropuerto en taxi: son unos cuarenta minutos y nos cobró cuarenta mil pesos. Hay que reconocer que nadie más que ése taxista pareció dispuesto a sacarnos de allí, pero me quedó la duda de si era una tarifa normal. Luego del hotel, a la calle el tres de enero. Me dejaron como una torta blanca, pero tuve mis buenos desquites. Nos reímos como locas, tomamos hervido, oímos música andina...
La fraternidad en el carnaval de Pasto se expresa en dejarse echar espuma, pintura y harina por un desconocido que está tan embadurnado como uno. Durante los primeros días algunos niños nos pidieron permiso para embadurnar nuestra humanidad, pero me han dicho que la cosa no será tan discreta hoy y que nadie, pequeño ni grande, nos va a preguntar antes. Así que hemos adquirido dos tarros enormes de espuma para defendernos, que hoy será nuestra manera de ser corteses.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario