martes, noviembre 03, 2009

Ojos de Plato



Hoy, a las catorce horas y cuarenta minutos, recibí en vuelo unas cuantas pedradas. Provenían de las manos del doctor Ojos de Plato, un anestesiólogo que trabaja en la unidad de cuidados intensivos del cuarto piso del Hospital de La Samaritana. Es un hombre más pequeño que yo -cosa que ciertas pocas veces en la vida me ha parecido una desventaja, como si alguna clase de tenue resentimiento aflorara en el sexo opuesto cuando esa circunstancia es más evidente, o sea, cuando al hombre más bajo le toca hablar conmigo de frente y subir un poco la carita-, pero sin habernos visto ya estaba molesto cuando hablé con él en la mañana por teléfono. Eso no me extrañó mucho porque los intensivistas de todas maneras, de vez en cuando están molestos, por cualquier causa.

En la mañana yo estaba en el Hospital San Rafael de Facatativá (Faca para los amigos), a poco más de cuarenta kilómetros de Bogotá, atendiendo otra alerta. La Samaritana queda en Bogotá y no tengo carro, y el paciente que estaba en Faca estaba aparentemente muerto desde el día anterior, por lo que decidí ir primero hasta allá en bus y tratar de organizar mi tiempo para ver en la tarde al paciente de Samaritana, si eso era necesario, según lo que el médico de turno me dijera por teléfono. Veía muy complicado que en San Rafael me donaran, y ayer no pude hablarle a la familia de esa posibilidad por dos razones. La primera era su condición clínica: tenía hipernatremia, un problema frecuente cuando se muere el cerebro de alguien, y el sodio en su sangre debía reducirse a unos niveles si no normales, cuando menos razonables para poder realizar el test de apnea. La segunda era la manera en que el caso había sido abordado, prácticamente desde el ingreso, por uno de los médicos de urgencias, que según la jefe de enferemería ya le había planteado a los padres del muchacho la posibilidad de que fuera donante de órganos, cuando todavía no estaba muerto. Eso suele dificultarnos un 'poquito' más el trabajo, porque predispone a la familia a no ser donante. Y de eso, de la donación, les hablamos nosotros, los coordinadores de trasplante: no el médico tratante. Pero San Rafael -Faca en general- es nuevo en estas lides, porque hasta hace unos pocos meses no tenían neurocirugía en el Hospital, así que la gente que se moría no hacía muerte encefálica, o si la hacía de todas formas allá no podía hacerse un rescate de órganos.

San Rafael es minucioso y pulcro, casi no parece un hospital de pueblo, aunque Faca sigue siendo un pueblo. La Unidad de Cuidados intensivos está en el segundo piso, al lado de las salas de cirugía. Tiene 8 camas para adultos, en general muy enfermos, que proceden de la cabecera urbana, las veredas aledañas y otros pueblos vecinos. Hace frío, pero es acogedor. Un intensivista mucho más amable que Ojos de Plato (Aunque intensivista al fin y al cabo) me recibió con el posible donante, estable en cuanto a sus "signos vitales" y con un sodio mucho más bajo que el del día anterior. La terapeuta respiratoria le hizo el test de apnea. Es un exámen para probar el centro respiratorio: un grupo de neuronas que suelen ser las últimas en morirse en estos casos. Si no están muertas, entonces no hay muerte encefálica, aunque todo lo demás dentro del cráneo ya esté perdido. Como en todos los potenciales donantes de órganos, el ventilador mecánico decidía cuando introducir aire y cuando sacarlo de esos pulmones que no debieron alcanzar a probar el cigarrillo. El test consiste en desconectar el ventilador, y ver si el paciente es capaz de respirar, o por lo menos boquear al menos una vez, porque eso sería una prueba irrefutable de que el cerebro sigue vivo. Le faltaba una semana para graduarse y muchas cosas por compartir, según su padre, con su padre, pero no lo va a hacer y después del test de apnea se lo dije esta mañana a los dos.

Luego les hablé de donación. Siempre trato de ser sutil, útil si puedo, pero ya no trato de convencerlos. Les informo que es su derecho, les doy detalles de las ventajas y desventajas de donar o no donar, y les garantizo su libertad para que elijan lo mejor para sí mismos. Eso me lo enseño alguien a quien se supone que yo le enseñaba el oficio. Fue una lección importante, salvadora. Pero se supone que así no se hace una entrevista, porque el objetivo es que donen: mi tasa de efectividad (el porcentaje de familias que me dicen que sí) bajó a niveles casi catastróficos. Hoy para variar, los dos padres de ese niño me dijeron que no.

A veces me parece que mi trabajo es horrible. Otras veces pienso que es el más bello del mundo. Pero la decisión consciente, la que más cuesta y la mejor por estos días es no pensar. De regreso a Bogotá en el bus, venía mirando por la ventana abierta, haciendo ese esfuerzo consciente de poner la mente en blanco, lo que me generó cansancio, cabezazos contra la ventana y, de repente, un despertar involuntario que como pude notar por el gesto entre la sonrisa y la excusa que tenía en frente cuando abrí los ojos, le urgía más al ayudante de turno que a mi. Me bajé y tomé otro bus para ir a La Samaritana.

Y ahí estaba Ojos de Plato, con su uniforme verde, gorro y tapabocas, atravesando el cuello de un hombre anónimo con un catéter para poner medicamentos y medir presiones, abriendo un acceso estratégico para introducir el arsenal terapéutico, en ese nuevo territorio que pretende batallarle y conquistarle a la enfermedad, y al que llama paciente. Encantado, haciendo chistes, ocupado en todo caso. Me coloqué la bata y un tapabocas, saludé y pedí ayuda del enfermero para interpretar el mecanismo del agua, di el pedal correspondiente y me lavé las manos con jabón rojo antibacterial, es decir, todo lo que uno suele hacer que no suele molestar a nadie. Solicité al jefe de enfermería la historia clínica y me senté a revisarla en un mesón alto, de frente a los computadores en donde, después de unos minutos de hilarante celebración de la faena y la estocada, vino a sentarse el doctor. Tiene un cierto aire infantil, y a simple vista parece amable. Pensé que no era el que me tiró el teléfono en la mañana, pero me equivoqué. Lo saludé en cuanto terminé de leer la historia:
- Hola doctor
No hubo respuesta.
- ¿Cómo está? - Volví a intentar, porque admito que uso un tono de boba que a veces es inaudible.
- Quiubo mano -me contesta él sin familiaridad, casi sin mirarme - ¿Y ese milagro que no esté enguayabaDO?
Bueno, esta mañana me maquillé con sombras y pestañina, y soy un tanto 'bustoncita' también, así que si por el tapabocas y el mesón alto no se percató de que le hablaba una mujer, seguramente mi aspecto era el de un hombre muy maricón, y en fracción de segundos intenté rescatar mi lastimada autoestima pensando que por lo menos no le había parecido un maricón borracho, por lo que tomé el extraño saludo con la gracia que puede lograr uno cuando está consternado pero no debe parecerlo.
- Soy Red de Trasplantes, doctor...
-Ah.
- Vengo por el paciente del trauma...
- ¿Y?
- Usted me reportó esta mañana- no tenía duda, era el mismo patán que me había tirado el teléfono- que el paciente estaba con clínica de muerte encefálica y que lo iba a ver neurocirugía para ver si le retiraban la sedación...
Silencio. Él tecleaba en el computador, no me miraba. Tiene unos ojos grandes de escleras secas, con bolsas colgantes y aspecto cansado.
- ... Quisiera saber si le retiraron sedación.
- No se le ha hecho diagnóstico, cuando se le haga diagnóstico... bla, bla, 'señora', bla, blaaaaa - Y cuando me miraba percibía en su tono alto y en sus ojos de plato un odio nítido que intenté atribuirle a algún hecho del pasado, pero no pude. No recuerdo a este hombre, no estudié con él y su cara no es parte del mundo conocido y ni siquiera del panorama reciente, por cuanto si le hice algún desplante tuvo que ser hace muchos años y tendría que estar, ahí sí, muy borracha como para no recordarlo. Señora soy, pero estoy segura de que tampoco eso le consta, y le quedaba más fácil llamarme doctora, pero no lo hacía, o Adriana, porque me presenté, pero tampoco.
- Doctor- le dije con cierto miedo, pero sin una gota de enojo, lo cual me sorprendió de mi misma- quisiera saber porqué está molesto conmigo...
- Ay, señora -Me dijo en un tono que me hizo ver que alrededor de nosotros los enfermeros miraban la escena desde diferentes ángulos y me hacían cara de una compasión que preferían mantener anónima- Mire, estoy muy ocupado en este momento para ponerme a hablar con usted...
- Pero doctor, discúlpeme si lo he molestado - le dije conservando mi tono bobo- pero la verdad no entiendo, yo creo que somos colegas...
- Mire, mire, estoy ocupado, no quiero hablar con usted.
- Es que no entiendo porqué me habla de esa manera, si ni siquiera nos conocemos, siento que me está faltando al respeto y no me refiero a que sea yo médica sino a que soy otro ser humano...
- Mire, a mi no me interesa hablar con usted - me gritó en pleno, -Comuníqueme con su superior.
Yo seguía sin enojarme, supongo que por la ubicación de los astros respecto al planeta, porque suelo ser de muy mal genio. No me habré convertido en santa de un día para otro.
- Claro, doctor -Marqué el número de la médica moduladora de trasplantes, que hoy es Pilar Ardila.
- Hola doc, es que estoy con el doctor Ojos de Plato y me ha estado hablando muy mal, siento que me ha faltado al respeto, pero le pregunto por qué me trata así y no quiere darme una explicación, me pidió hablar con sumercé y aquí se lo paso- y le di el teléfono al insólito personaje.
- Si, ¿Con quién hablo? - Un silencio mientras Pilar le contestaba que ella era Pilar y lo demás- Mire doctora -dijo, moderando un poco el tono de voz- es que aquí la señora está interrumpiéndome mi trabajo y yo estoy ocupado haciendo un ingreso de un paciente, y no tengo tiempo para sus susceptibilidades, así que le ruego que le diga a su... trabajadora (sexual, presumo que quería completar, pero bendito Dios se contuvo) que me deje trabajar... (Otro silencio más cortico). Bueno, muchas gracias.
El hombre aquél colgó el teléfono, o me lo pasó, en todo caso hablé nuevamente con Pilar.
- Oye, está energúmeno ese señor...- Me dice ella.
- Eh, si doc... pero yo no le hice nada, que yo sepa - Dije delante de él, aún sin enojo, pero todavía asustada, y el jefe de enfermería me miraba detrás de Ojos de Plato, que se había entregado de nuevo a su teclado. Arrugué la nariz para preguntarle al jefe qué pasaba y él me pidió con una seña de la mano que esperara un momento.
-Bueno Adrianita - Me dijo Pilar, con su ternura medicinal - Cualquier cosa me cuentas, yo de todas maneras voy a dejar aquí el reporte...
- Gracias doc - "Pa' lo que me sirve el reporte", pensé. Y me despedí.
Y valoré el paciente, vi que también estaba muerto como el niño de la mañana, recibí un papelito que el jefe me pasó con disimulo cuando yo estaba a la cabecera de la cama del paciente, lo leí, decía que llamara al Coordinador de la Unidad, doctor fulano de tal, al número tal, pero que no le dijera que el jefe me había dado el papelito ni que lo mencionara en la conversación, y yo asentí en silencio detrás de Ojos de Plato que todavía tecleaba en el computador, y tomé una hoja de evolución e hice una nota de valoración, y busqué la perforadora y no la encontré, y le hice huequitos a la hoja con los aros de la carpeta y archivé mi nota y salí de la unidad, es decir: todo lo que uno suele hacer -salvo lo del papelito, que no lo hice yo sola y fue porque quiso el jefe- y que no suele molestar a nadie.

Ahora debo revalorar al mismo paciente, porque ya se cumplen las doce horas sin sedación que determinó neurocirugía, pero estoy en mi casa terminando esta entrada del blog, y Ojos de Plato sigue esta noche de turno en la misma Unidad, pero el jefe salió a las siete y hoy ya es mañana, y yo no quiero ir. Tal vez ahora sí estoy molesta, y qué le vamos a hacer, éste es mi trabajo. (Publicado el 3 de noviembre de 2009 a las 00:30).

Era imposible no salir rota, disparada de semejante rueda... Se me saltaron las lágrimas, pero hay que dejar pasar a las personas que no tienen el coraje de decir lo que piensan: hay odios gratuitos que nunca podremos entender. (Editado el 22 de mayo de 2023).


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Primera reflexión

Primera reflexión

Durante la primera discusión en clase abordamos varios aspectos de la relación entre la educación y las TIC en el mundo contemporáneo. De todos los aportes y reflexiones, lo que me parece más relevante es que para ampliar las condiciones de acceso a la educación a nivel global, las TIC ya no son una mera oportunidad sino el camino por el que inevitablemente transitan todas las estrategias y políticas de desarrollo. Para sustentar esta idea utilizaré tres argumentos, apoyados en las lecturas correspondientes a esta segunda semana de trabajo.

En primer lugar, al estimular el uso de nuevas tecnologías, las políticas de desarrollo económico están potenciando directamente la educación mediada por TIC. Las comunicaciones son parte estratégica del modelo económico internacional porque hacen posibles las negociaciones del mercado. Dada la eficiencia de las TIC para agilizar los procesos comunicativos, las competencias laborales asociadas con uso y apropiación de nuevas tecnologías obligan a una formación cada vez más fuerte y actualizada de los profesionales, que les garantice la consecución de empleo: este se convierte en un valor agregado de la educación virtual, que puede ser eficiente en términos económicos al aumentar la cobertura, ser adaptable a los tiempos y brindar educación de mayor calidad y diversidad, aún en áreas de difícil acceso (Haddad, 2007).

En segundo lugar, el énfasis de muchos programas de asistencia y cooperación a poblaciones vulnerables implica la toma de decisiones de calidad a distancia, en aspectos tan diversos como telemedicina, manejo de emergencias y desastres, proyectos de ingeniería, arquitectura e investigación entre otros. El impulso de la conectividad en condiciones adversas potencia el desarrollo de soluciones permanentes, que a mediano plazo pueden quedarse en la comunidad y facilitar los procesos educativos a distancia. Las experiencias son múltiples y han demostrado que cualquier elemento de conectividad puede ser utilizado creativamente con estos fines, tanto en el caso de la radio como en el de la televisión, los proyectos multimedia y el internet. Como lo demuestra Haddad, el crecimiento en el acceso para todos los casos es exponencial y representa una oportunidad para la educación propiciada por dinámicas sociales muy diversas.

Por último, hay que recordar que la educación en sí misma potencia el bienestar de las personas. En palabras de Haddad, (2007) tanto los tomadores de decisiones como la población en general reconocen al unísono que la educación es crucial para el desarrollo económico. A su vez, la educación misma se ha trasformado: la posibilidad de acceder a toda clase de información, así como las herramientas para capacitarse a través de nuevas tecnologías plantean un cambio de paradigma en la relación entre el docente y el dicente, que ya permea nuestras aulas y la manera en que nos relacionamos como seres humanos. Hemos entendido que desde siempre la educación y la comunicación humanas han estado estrechamente vinculadas a través de las tecnologías (Brunner, 2003), y que lo que sucede es que hoy los intercambios son mediados por herramientas cada vez más veloces. Ahora la sabiduría es un abanico de posibilidades no exclusivas, que se despliegan al reconocer a los demás individuos como puentes poderosos hacia la información. Es la paradoja cotidiana entre un abuelo profesor y su pequeño nieto, con una tableta conectada a Internet: ya no es tan claro quién le cuenta el cuento a quién, ¿no creen?.

Asumiendo estas realidades como parte de mi labor docente, algunas de las preguntas motivadoras para este semestre son: ¿cómo quiero asumir las nuevas condiciones que me plantean las TIC para el desarrollo de actividades pedagógicas en el área de la salud? ¿Qué riesgos debo tener en cuenta al proponer un ambiente de aprendizaje apoyado con nuevas tecnologías? ¿Cómo puedo vincularme o crear redes docentes para el constante intercambio de experiencias con TIC? y ¿Cómo se financian estos ambientes de aprendizaje? ¿Qué costos pueden llegar a tener?

Nos vemos mañana en clase.

Referencias

Brunner, J. J., & Tedesco, J. C. (2003). La educación al encuentro de las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías y el futuro de la educación. IIPE, UNESCO. Buenos Aires: Septiembre Grupo Editor. Página 17. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D

Haddad, W. D (2007). ICTs for Education. A Reference Handbook. Parte 2, Capítulo 5. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D