miércoles, noviembre 25, 2015

Sobre escuchar a la otra. (Enero de 2016)

Me entretuve mucho en el debate sobre el aborto de hace algunos días, particularmente en el último panel en el que sí estuvieron los representantes de la voz en contra de la interrupción voluntaria del embarazo. Creo que es necesario, de todos modos, puntualizar en que muchos de los aspectos que tocan esta discusión no fueron tratados con la profundidad que requieren, simplemente porque el debate público debe continuar y ahondar en ellos, para que en los escenarios como ese se pueda avanzar en discusiones más profundas, que todos los participantes comprendan.

Hoy me da por hablar desde una posición, que creo privilegiada, para fortalecer la voz de los médicos que proveemos servicios de interrupción del embarazo en el país y en el mundo. El asunto es que hoy en día trabajo en temas de principio y fin de la vida en dos instituciones que parecerían antagónicas: una es el Hospital Universitario San Ignacio, de quien Julio César Castellanos hizo una representación clara y bonita, pero cortada por los afanes del escenario y por los ardores de una audiencia comprensiblemente polarizada. La otra es la Fundación Oriéntame, institución cuya muy digna historia nos ha inspirado a muchos a seguir adelante y de la que desafortunadamente nos hizo falta la intervención de Cristina Villarreal.

Principio y fin de la vida humana de los que no sabemos casi nada. La vida es un continuum y tiene como prerrequisito la existencia de la vida misma. Podremos hablar del principio de la vida una vez que tengamos evidencia de qué la originó cuando aún no existía. Aún no surge ni se sostiene viva –ni en la naturaleza ni en el laboratorio- lo que entendemos como una nueva vida sin que otra vida la propicie, consciente o inconscientemente.

Es ahí, en el ejercicio de la consciencia, donde nos reivindicamos como personas. Las mujeres tenemos el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos preservando sin reservas nuestra identidad religiosa y moral, como bien lo explicó Jineth Bedoya al patriarcado ausente. La vivencia de un embarazo no deseado se asemeja mucho a la vivencia de un crecimiento tumoral y no a la gestación de un bebé, que nos ilusiona cuando sí queremos ejercer el cuidado del otro. Hemos peleado y ganado el derecho a decir que no queremos ser cuidadoras. Seguramente a algunos sectores de la sociedad les asusta el hecho de perder a las mujeres que maternan y también a las que atienden una potencial vejez o discapacidad ajena, porque todavía se sienten en la obligación de hacerlo sin importar que no quieran o que no tengan los recursos necesarios... 

Esas mujeres son la reserva de un cada vez más reducido ejército reclutado a punta de sutilezas. Mujeres amedrentadas por un dedo que permanentemente les señala ese destino del que por motivos religiosos o morales no tienen derecho de huir. A esas mujeres, a nosotras, nos abrió la puerta de par en par la Constitución del 91 para vivir nuestras vidas como lo deseemos. Un panorama aterrador para todo aquel que le tema al abandono o que no sepa construir lazos de amor y apego que incluyan una posible disposición a dar y a recibir cuidados.

Bajo el mismo principio del ejercicio libre de la consciencia, las médicas que proporcionamos abortos seguros sentimos que ninguna mujer y ningún hombre deben morir por cuenta de una intervención mal realizada. Si existen las tecnologías, si el procedimiento es necesario y si el paciente lo solicita, yo me siento en la obligación de ofrecérselo. En el marco de la ilegalidad, cuando estas cosas todavía no se entendían y no había misoprostol pero ya existían los procedimientos de aspiración y legrado, muchos colegas siguieron su consciencia y ayudaron a las mujeres que estaban viviendo el embarazo no deseado: ese crecimiento celular que les producía percepción de peligro, angustia, dolor y un potencial cambio definitivo de sus vidas. Porque las mujeres saben -como nadie más- que el ejercicio del cuidado en la maternidad es vitalicio -como ningún otro-.

Cuidar a otro es una decisión difícil por la responsabilidad que implica y, si lo amamos, también por el dolor que percibiremos con su eventual sufrimiento. Los profesionales de salud, al menos en teoría, solemos entender que el dolor es un motivo de consulta importante y que el potencial dolor se debe prevenir o atenuar si el paciente no desea sufrirlo. Cuando una mujer consulta para solicitar la interrupción del embarazo hay más de un ser vivo –son millones más, los médicos me entenderán- frente a nosotros, pero solo hay una persona con percepción de dolor y de riesgo. La escuchamos, anotamos en la historia clínica lo que nos cuenta de su dolor y si tuviéramos tiempo podríamos hacer una escala análoga visual de cuánto siente ella que esto le afecta, de uno a diez. Estamos en la obligación de creerle a la paciente y de reducir el dolor y el peligro al mínimo posible. No hacerlo constituye una mala praxis.

De hecho, necesitamos asumir que la salud mental de las personas tiene una importancia máxima si queremos mejorar nuestro sistema de salud y sobre todo, si queremos recuperar la confianza social que hemos perdido. ¿Cuándo dejamos de creerles a los pacientes? ¿Qué verdad revelada reemplazó la utilidad de una anamnesis bien hecha? Tenemos que escuchar a la persona que tenemos al frente y tenemos la obligación de juzgar su condición con criterio clínico, poniendo a su disposición los recursos con los que contamos sin que medien nuestras posiciones morales para restringírselos. No somos jueces: somos cuidadores por vocación.


Una cosa más: en San Ignacio, que sabe de mi labor y que es un excelente centro hospitalario y académico, no he recibido más que respeto por mis diferencias. Allá trabajo con donantes de órganos: señor Procurador Auxiliar Belalcázar, el tráfico de órganos de bebés que usted denunció en el Foro sin fundamentos y en el que nos vinculó a todos los prestadores de aborto seguro, no es más que un mito. Ojalá se trasplantaran y tuvieran voz todos los niños que se están muriendo en nuestra lista de espera y por fuera de ella, pobres y ricos, muchas veces por la falta de amor que parte de la sociedad le achaca sin compasión e injustamente a la mujer que aborta. Faltan donantes de órganos: esos cadáveres a corazón batiente en los que no se justifica mantener el ventilador conectado, salvo si se trata de ayudar a quien necesita un órgano sólido. Porque sí es posible que un corazón humano lata en el cuerpo de algo que no es una persona.  Eso también lo sabemos, desde hace rato.

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Primera reflexión

Primera reflexión

Durante la primera discusión en clase abordamos varios aspectos de la relación entre la educación y las TIC en el mundo contemporáneo. De todos los aportes y reflexiones, lo que me parece más relevante es que para ampliar las condiciones de acceso a la educación a nivel global, las TIC ya no son una mera oportunidad sino el camino por el que inevitablemente transitan todas las estrategias y políticas de desarrollo. Para sustentar esta idea utilizaré tres argumentos, apoyados en las lecturas correspondientes a esta segunda semana de trabajo.

En primer lugar, al estimular el uso de nuevas tecnologías, las políticas de desarrollo económico están potenciando directamente la educación mediada por TIC. Las comunicaciones son parte estratégica del modelo económico internacional porque hacen posibles las negociaciones del mercado. Dada la eficiencia de las TIC para agilizar los procesos comunicativos, las competencias laborales asociadas con uso y apropiación de nuevas tecnologías obligan a una formación cada vez más fuerte y actualizada de los profesionales, que les garantice la consecución de empleo: este se convierte en un valor agregado de la educación virtual, que puede ser eficiente en términos económicos al aumentar la cobertura, ser adaptable a los tiempos y brindar educación de mayor calidad y diversidad, aún en áreas de difícil acceso (Haddad, 2007).

En segundo lugar, el énfasis de muchos programas de asistencia y cooperación a poblaciones vulnerables implica la toma de decisiones de calidad a distancia, en aspectos tan diversos como telemedicina, manejo de emergencias y desastres, proyectos de ingeniería, arquitectura e investigación entre otros. El impulso de la conectividad en condiciones adversas potencia el desarrollo de soluciones permanentes, que a mediano plazo pueden quedarse en la comunidad y facilitar los procesos educativos a distancia. Las experiencias son múltiples y han demostrado que cualquier elemento de conectividad puede ser utilizado creativamente con estos fines, tanto en el caso de la radio como en el de la televisión, los proyectos multimedia y el internet. Como lo demuestra Haddad, el crecimiento en el acceso para todos los casos es exponencial y representa una oportunidad para la educación propiciada por dinámicas sociales muy diversas.

Por último, hay que recordar que la educación en sí misma potencia el bienestar de las personas. En palabras de Haddad, (2007) tanto los tomadores de decisiones como la población en general reconocen al unísono que la educación es crucial para el desarrollo económico. A su vez, la educación misma se ha trasformado: la posibilidad de acceder a toda clase de información, así como las herramientas para capacitarse a través de nuevas tecnologías plantean un cambio de paradigma en la relación entre el docente y el dicente, que ya permea nuestras aulas y la manera en que nos relacionamos como seres humanos. Hemos entendido que desde siempre la educación y la comunicación humanas han estado estrechamente vinculadas a través de las tecnologías (Brunner, 2003), y que lo que sucede es que hoy los intercambios son mediados por herramientas cada vez más veloces. Ahora la sabiduría es un abanico de posibilidades no exclusivas, que se despliegan al reconocer a los demás individuos como puentes poderosos hacia la información. Es la paradoja cotidiana entre un abuelo profesor y su pequeño nieto, con una tableta conectada a Internet: ya no es tan claro quién le cuenta el cuento a quién, ¿no creen?.

Asumiendo estas realidades como parte de mi labor docente, algunas de las preguntas motivadoras para este semestre son: ¿cómo quiero asumir las nuevas condiciones que me plantean las TIC para el desarrollo de actividades pedagógicas en el área de la salud? ¿Qué riesgos debo tener en cuenta al proponer un ambiente de aprendizaje apoyado con nuevas tecnologías? ¿Cómo puedo vincularme o crear redes docentes para el constante intercambio de experiencias con TIC? y ¿Cómo se financian estos ambientes de aprendizaje? ¿Qué costos pueden llegar a tener?

Nos vemos mañana en clase.

Referencias

Brunner, J. J., & Tedesco, J. C. (2003). La educación al encuentro de las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías y el futuro de la educación. IIPE, UNESCO. Buenos Aires: Septiembre Grupo Editor. Página 17. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D

Haddad, W. D (2007). ICTs for Education. A Reference Handbook. Parte 2, Capítulo 5. Consultado el 5 -8-14 en: https://sicuaplus.uniandes.edu.co/webapps/portal/frameset.jsp?tab_tab_group_id=_2_1&url=%2Fwebapps%2Fblackboard%2Fexecute%2Flauncher%3Ftype%3DCourse%26id%3D_46661_1%26url%3D